El arquitecto: cuando la idea se enfrenta al proceso
Aviso: este texto contiene spoilers.
Un año después de la inauguración del Arco de La Défense, tuvimos la ocasión de visitar París para ver de primera mano les Grands Projets que François Mitterrand había impulsado con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa.
Probablemente aleccionado por el éxito del Centre Pompidou, inaugurado en 1977, Mitterrand promovió un conjunto de intervenciones que transformarían la ciudad: la Pirámide del Louvre, el Museo de Orsay, el Parque de la Villette, la Ópera de la Bastilla o el propio Arco de La Défense, entre otros. Y sobre este último gira El arquitecto de Stéphane Demoustier, que hemos visto recientemente. Una película especialmente interesante para quienes trabajamos en arquitectura o disciplinas afines.
En 1990 visitamos el Arco de La Défense ajenos a todo lo que había ocurrido detrás. Ha tenido que pasar el tiempo —y llegar esta película— para arrojar algo de luz sobre esa realidad. El film se centra en Johan Otto von Spreckelsen, un arquitecto prácticamente desconocido hasta que gana el concurso internacional para diseñar la Grande Arche de la Défense. En ese contexto, resulta significativo que el concurso lo gane un perfil poco conocido frente a estudios consolidados, con una propuesta muy clara: un cubo perfecto que reinterpreta el eje histórico de la ciudad.

Del concepto a la ejecución
A partir de ahí, la película se centra en el desarrollo del proyecto. Y es donde realmente funciona: en mostrar cómo una idea inicial, muy definida, se va transformando al enfrentarse a la realidad. Aparecen los factores habituales: condicionantes políticos, ajustes presupuestarios, decisiones compartidas, cambios técnicos… Y, poco a poco, la pérdida de control por parte del arquitecto.

La autoría en segundo plano
El recorrido de von Spreckelsen refleja bien esa tensión entre la intención inicial y el resultado construido. Un tema especialmente reconocible en cualquier proyecto de cierta escala.
París y la aceptación de lo controvertido
La Grande Arche se entiende mejor si se sitúa dentro de la evolución reciente de París. El Centre Pompidou marcó un antes y un después: una intervención muy cuestionada en su momento que hoy es un icono. Lo mismo ocurrió con la Torre Eiffel o la Pirámide del Louvre. Hay un patrón claro: proyectos que generan rechazo inicial acaban siendo asumidos —e incluso celebrados— con el tiempo. En este sentido, la Grande Arche ocupa una posición algo distinta. Sin haber sido especialmente rechazada, tampoco ha llegado a convertirse en un icono imprescindible para el visitante.

Un paralelismo cercano
Es inevitable ver cierto paralelismo con las intervenciones de Santiago Calatrava en Valencia, especialmente la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Proyectos que en su momento fueron muy cuestionados —por coste, gestión o decisiones constructivas— y que, con el tiempo, han pasado a formar parte de la imagen reconocible de la ciudad. Con matices, pero dentro de esa misma lógica: lo que al principio se cuestiona, con el tiempo acaba consolidándose como referente.
Más proceso que resultado
La película pone el foco en el proceso más que en el objeto final. Y ahí está su interés: en recordar que la arquitectura no es solo una idea, sino todo lo que ocurre hasta que esa idea se construye. El arquitecto ofrece una mirada bastante precisa sobre el recorrido real de un proyecto de gran escala: desde el concurso hasta la obra construida. Especialmente recomendable para quienes trabajan en arquitectura o diseño, donde esa distancia entre lo proyectado y lo ejecutado forma parte habitual del trabajo.

Actualmente puede verse en los Cines Babel en versión original subtitulada (VOSE).