“Dios lo ve”: un viaje por la mente creativa de Óscar Tusquets Blanca

24 Mar, 2026

RTVE Play estrena "Dios lo ve", un documental que recorre por la vida creativa de Óscar Tusquets Blanca, entre sillas icónicas, arquitectura, pensamiento crítico y su amistad con Salvador Dalí

En las últimas semanas, la figura de Óscar Tusquets Blanca ha vuelto a situarse en el centro del debate. No sólo por la reciente ampliación de la familia Gaulino, (su silla más famosa que es uno de los iconos indiscutibles del diseño español, sino porque su pensamiento, lúcido y combativo, conserva hoy una vigencia sorprendente: la firme resistencia a normalizar la fealdad.



“Me cuesta aceptar que algo verdaderamente bueno pueda ser feo”, confesaba en una entrevista para la revista “La Puñalada”. Una afirmación que no busca provocar, sino resumir toda una manera de concebir la arquitectura, el diseño y, en definitiva, la vida. “Mientras podamos disfrutemos”, afirmaba el arquitecto que disfrutar no ha sido nunca sinónimo de  conformarse, a lo largo de su vida le ha gustado siempre disfrutar de las cosas bellas; en la arquitectura, en la pintura, en el diseño y en la vida.

Óscar Tusquets, con más de 80 años cumplidos, reflexiona en el documental como un retrato poliédrico que entrelaza diseño, arquitectura, pensamiento crítico, memoria personal y provocación intelectual. A través de conversaciones, imágenes de archivo y un ritmo pausado, el documental nos invita a adentrarnos en la mente de un creador que ha sabido moverse con naturalidad entre disciplinas, borrando las fronteras entre arte, funcionalidad y reflexión estética.
Lo vemos dialogar con figuras clave como Antonio López, Miquel Barceló o Isabel Coixet y decir frases tan divertidas e interesantes como "soy el último amigo vivo de Dalí" o a la pregunta de "eres arquitecto, diseñador, pintor..." contestar "tengo una absoluta incapacidad para la especialización".



La personalidad de Óscar Tusquets Blanca se construye sobre una mezcla poco común de lucidez intelectual, ironía y rebeldía serena. Inconformista por naturaleza, nunca ha aceptado la mediocridad como norma ni la fealdad como peaje inevitable del progreso. Su pensamiento crítico, afilado y profundamente humanista, lo lleva a cuestionar cada decisión creativa, entendiendo el diseño y la arquitectura no como simples ejercicios formales, sino como actos de responsabilidad cultural. Encontrar ese punto de equilibrio entre la exigencia del diseño y la funcionalidad práctiva.



La Silla Gaulino

 

Las icónicas sillas Gaulino, sus proyectos arquitectónicos y su particular visión del mundo aparece como manifestaciones coherentes de una misma filosofía: la defensa radical de la belleza, la proporción y el sentido. La Gaulino supuso un antes y un después en su carrera profesional. "Fue mi primera silla de madera producida en serie. Las posibilidades del material y de las máquinas que lo trabajan me abrieron un mundo", señala Tusquets. Por eso la considera "uno de mis mejores diseños y uno de los más personales".

Entre las influencias decisivas de su trayectoria destaca su profunda amistad con Salvador Dalí, a quien define como “la persona más original, creativa y divertida que he conocido; incluso superior a su propia obra”. Así evoca a un creador que entendía la creatividad como un ejercicio constante de libertad, una actitud vital que dejó una huella imborrable en su manera de mirar y concebir el mundo.



En el documental Dios lo ve, Tusquets recuerda con cierta melancolía: “No queda nadie vivo que fuera amigo de Dalí”, una frase que no solo subraya la desaparición de una generación irrepetible, sino también el cierre simbólico de una época marcada por la audacia, la imaginación y la transgresión.


También subrayamos la relación entre Óscar Tusquets Blanca y Antonio López García que se construyó desde la admiración mutua y un profundo respeto por el oficio. Ambos compartían una visión exigente de la creación, basada en la observación, la reflexión y la defensa radical de la belleza. Aunque procedentes de disciplinas distintas, el pintor y el arquitecto coincidían en entender el arte como un ejercicio de responsabilidad cultural, ajeno a la prisa y a las modas, donde el tiempo, el rigor y el pensamiento resultan esenciales.


Dios lo ve no es solo el retrato de un creador excepcional, sino una invitación a detenernos, mirar y pensar. En un tiempo dominado por la prisa, la producción acelerada y la superficialidad estética, la figura de Óscar Tusquets Blanca nos recuerda que crear implica responsabilidad, conciencia y compromiso con la belleza. Su legado no reside únicamente en sus obras, sino en una manera de entender el mundo: lúcida, libre y profundamente humana. Una manera de entender la vida.