Cuando las cabinas de esquí se reinventan: El trabajo de Taninges Télécabines

13 Jan, 2026

 

Para los amantes del esquí y la montaña, el descubrimiento del taller de los hermanos Gaudin, situado en un pintoresco rincón de los Alpes franceses, camino de las estaciones de Morzine y Les Gets, se ha convertido en una auténtica joya. Allí, antiguas cabinas de teleférico cobran una nueva vida y se transforman en exclusivas piezas de diseño, convertidas en saunas, comedores privados para hoteles o espacios singulares para eventos en todo el mundo. Taninges Télécabines convierte viejos remontes mecánicos en un auténtico museo al aire libre que rinde homenaje a la historia del esquí y a la ingeniería de montaña. Se trata de un taller único en el mundo, con más de 1.600 m², donde los hermanos Stéphane y Julien Gaudin llevan más de 25 años rescatando, restaurando y transformando cabinas y sillas de teleférico en verdaderas obras de reciclaje creativo.

Una pasión heredada y una colección única

Esta singular pasión tiene raíces familiares. Su padre ya era anticuario y un gran amante de la montaña. Hace 25 años adquirieron su primera pieza: un pequeño “huevo” de dos plazas del teleférico de Flégère, en Chamonix. A partir de ahí, comenzaron a recolectar y buscar otras cabinas, restaurándolas y devolviéndoles un alto valor emocional y estético. El verdadero punto de inflexión llegó en 2010, cuando la estación de esquí de Les Gets sustituyó las 42 cabinas rojas del remonte de Chavannes. Los Gaudin las adquirieron todas, consolidando una de las mayores colecciones privadas de Francia, con cientos de piezas que incluyen auténticas reliquias de lugares míticos como la Aiguille du Midi, el Matterhorn, Courchevel o Megève. Lo que comenzó como un simple hobby se ha convertido hoy en una tendencia de reciclaje y diseño en toda Europa, con clientes que buscan crear espacios con estilo, personalidad y una fuerte conexión emocional con la montaña.

Diseño, reciclaje y nuevas experiencias

Arquitectos y diseñadores de interiores adquieren estas piezas como elementos centrales para hoteles, restaurantes, discotecas y espacios corporativos. Es habitual verlas reconvertidas en comedores privados, terrazas donde los clientes disfrutan de una fondue o una raclette, o espacios experienciales totalmente únicos. Cada cabina destaca por su historia, su transformación y su originalidad, demostrando que no es necesario estar en una estación de esquí nevada para disfrutar de su esencia.

Numerosos propietarios de viviendas en los Alpes también adquieren cabinas y sillas para instalarlas en jardines o terrazas como elementos decorativos. Algunas han viajado incluso hasta Londres para bodas, a Mónaco para eventos empresariales o han sido transformadas en puntos de venta de forfaits en estaciones como La Plagne. El taller produce desde saunas exteriores hasta refugios de jardín totalmente equipados, con sistemas de calefacción, bancos de madera local e instalaciones eléctricas completas.

Conservar la esencia a través del tiempo

El taller de Taninges Télécabines es un espacio donde conviven la artesanía y la industria. Aquí se combina el saber hacer tradicional con procesos técnicos especializados para restaurar y adaptar cada pieza sin perder su autenticidad. Equipado para trabajar metal, madera y sistemas técnicos, el equipo desmonta, repara y trata cada cabina con una atención extrema al detalle. Todo el proceso está orientado a preservar el alma original de las piezas, adaptándolas a nuevos usos como jardines, eventos o espacios funcionales.

Como explica Stéphane Gaudin:

“Hay que mantener la mayor autenticidad posible. Pulirla, pero no excederse”.

Entre sus tesoros se encuentran piezas únicas, como una cabina utilizada en la Exposición Universal de Bruselas o modelos diseñados por ingenieros franceses de renombre, considerados auténticas obras de arte.

Un taller lleno de anécdotas

El negocio también está marcado por historias singulares. Una de las más recordadas es la misteriosa desaparición de su “Batman”, una figura de 60 kilos que custodiaba el taller desde lo alto de una cabina y que fue robada la víspera de Navidad de 2018, un episodio que todavía hoy provoca indignación entre los hermanos. Tampoco faltan las complicaciones logísticas. Una compradora británica necesitó la ayuda de tres hombres y un remolque para trasladar una silla de cuatro plazas hasta su jardín, tras descartar —no sin humor— la idea de dejarla rodar montaña abajo. En otras ocasiones, las cabinas han tenido que desmontarse pieza a pieza para atravesar calles estrechas o patios interiores, obligando al taller a adaptar medidas y accesos para garantizar su llegada al destino final. A pesar del éxito comercial, los hermanos Gaudin se niegan a vender algunas de sus piezas más raras, como una cabina ambulancia o una de color escarlata de los años 40, que cuidan como auténticos tesoros de la historia del esquí.