... y si la vida continúa, la nuestra se paró un 13 de junio

03 Jul, 2020

Marian,
ha tenido que pasar algo de tiempo para poder tener fuerzas y afrontar esta carta. Pocos saben que tú fuiste el motivo que me empujó a iniciar mi etapa profesional en solitario. Era febrero de 1992, cuando nos cruzamos de nuevo en la vida para iniciar una relación que 28 años después se ha parado en mitad del camino.

Has sido una persona fundamental para mí y excepcional en todos los sentidos. Sé que teníamos pocas cosas en común, pero supimos compensar nuestras carencias para poder vivir 28 años juntos y seguir enamorado de ti hasta el final.

Estos últimos cuatro años han sido muy difíciles, aunque tu fortaleza nos ha ayudado a seguir viviendo, viajando y disfrutando ante una situación tan comprometida.

Tu energía ha sido fundamental para poder levantarme y seguir trabajando en el estudio, desarrollando proyectos muy especiales en los que tú, desde un lado, siempre has formado parte.

He perdido a mi compañera de viaje, a mi pareja y parte de mí, pero Paula e Irene han perdido a una madre irremplazable. Sólo tú yo sabemos lo que luchaste por tenerlas.

En estos días nos hemos sentido muy acompañados de toda la gente que te apreciaba y que han coincidido en recordar tu sonrisa, que ahora tanto echaremos de menos.

Me pesa ver que ya sólo estas en nuestro recuerdo, aunque no puedo evitar encontrarte en cualquier rincón de casa y eso me hace estar muy triste. Por otro lado tengo el consuelo de que nuestras hijas son una parte de ti que sigue aquí y que serán un motivo para seguir adelante en la vida.

Ahora descansas en un sitio muy especial, el pueblo que ha visto crecer a nuestras hijas verano tras verano, y donde hemos sido muy felices. Allí también te hiciste querer y la gente me lo ha demostrado. Estar estos días a tu lado mientras se oyen los pájaros y el viento me tranquiliza, pero no me quita la pena que siento, ni los recuerdos que inundan mi cabeza en todo momento.

Dicen que el tiempo lo cura todo, aunque en este momento me cuesta verlo y más bien creo que tendremos que acostumbrarnos a vivir con este vacío que tanto nos pesa. No pudimos despedirnos porque luchaste mirando hacia adelante, atrás no era opción y eso ahora también me duele.

No creo en reencarnaciones ni futuros encuentros, pero sé que te tendré en mis sueños para siempre.

Te quiere mucho, Xavieret

 

 

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